Antes de la invención
de la fotografía, el artista-viajero, figura emblemática
del siglo XIX, se constituye en un observador curioso que
registra la realidad circundante. Su actividad está
vinculada con una larga tradición, cuyo antecesor inmediato
es el ilustrador de las expediciones científicas del
siglo de las Luces. Pero tal vez, la intención del
artista que recorre el mundo con lápiz y papel en mano
sea distinta, porque viaja solo y aprende del mundo que recorre
guiado por sus propios intereses. De este modo permite que,
junto con el deseo de descubrimiento y documentación,
también su obra quede impregnada de su subjetividad.
Según el escritor y estadista argentino Domingo
F. Sarmiento "Humboldt con la pluma y Rugendas con
el pincel son los dos europeos que más vivamente
describieron América". Descendiente de una dinastía
de artesanos emigrados en 1608 de Cataluña a Ausburgo,
entre quienes se destacan como pintores notables su padre
y su abuelo, Johann Moritz Rugendas transcurrió casi
veinte años de su vida en América Latina dedicado
a retratar la realidad que lo fascinaba. Como Emeric Essex
Vidal, Juan del Pozo y Palliere fueron los descubridores
del paisaje como motivo artístico, Rugendas también
se constituye en un incansable archivista visual que presenta
el continente americano a los ojos europeos. De vuelta en
Europa publicó con cierto éxito Voyage pittoresque,
resultado de su primer viaje al Brasil, lo que provocó
que Humboldt lo contratara para que ilustrar sus textos
sobre fauna y flora latinoamericana. Pero cuando se asentó
definitivamente en Baviera, una comisión de la Academia
de las Artes y las Ciencias aprobó la publicación
del fruto de sus largos viajes, algo que nunca se concretó.
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